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 POEMA DEDICADO A UN NIÑO

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AutorMensaje
Adelis Becerrit Díaz



Cantidad de envíos: 32
Fecha de inscripción: 11/03/2009

MensajeTema: POEMA DEDICADO A UN NIÑO   Vie Mar 13, 2009 2:05 pm

NIÑO.

Recibo
su mirada como un lindo regalo,


obsequia
para mí con sus menuditos ojos de tristeza


la
reverencia del plebeyo,


el
decir de una palabra inocente,


y
alrededor de nosotros camina ya mucha gente,


pero
ajenos estamos mirándonos con franqueza


y
el mundo que gira alrededor nuestro


ese
mundo que no rescata a eso que está
presente


la
miseria, el hambre, el destino, el futuro


una
oportunidad negada, el vivir decente


niega
un pedacito de cielo, conocer a la felicidad ausente.





Con
regocijo, el niño buscó mas allá de una mirada


algo
que se pareciera a un arrullo


que
regalara el pequeño tesoro que con orgullo


esperaba
de manos de quien muy diligente


aplacara
su hambre, ese tormento inclemente


y
veía en mi, ese sueño inocente.





Le
tomé de la mano y apartándonos del camino


nos
sentamos en un leve recodo


donde
podíamos mirarlo todo


donde
el mundo su caudal agita


revierte
un suspiro, y la tempestad quita.








Apoyó
su cabeza en mi hombro


y
en él pausado, pensó en su historia


y
llegaron tristes recuerdos a su memoria.


Mientras
con un dedo escribía distraído en la arena


me
contó que desde siempre su vida ha sido una pena.








Aplaqué
el hambre que le destrozaba


limpié
sus lagrimas que hacía rato habían aflorado


y
continué allí, sentado a su lado


dando
un poco de ese cariño negado


afloró
entonces en mi, un sentimiento que me agita


una
sensación que algún día había imaginado


y
unas lágrimas a mis ojos ya se habían asomado.











No llores más le dije al niño


no
viertas más lágrimas de pena


sonríe
pleno, sonríe airoso


que
desde ahora estaré a tu lado


para
que nunca más vuelvas a sentirte fatigado


para
que tu mundo sea desde ahora fabuloso


y
no esto que parece una condena.












Miró
a mis ojos y contemplándolos por un rato


quitó
nuevas lágrimas de su rostro


sus
manos sucias, entrecruzaban los dedos


lloraba
de emoción, lloraba de encanto,


primera
vez que sentía la bondad de un extraño


lo
que nunca sintió, quizá un hermano


sintió
un mundo, sintió ese canto


que
se escapó de algún milagro


de
alguien que en ese instante estaba a su lado


y
la tristeza por un momento le había dejado.








Sentí
su aliento tan cerca de mí


acaricié
y acicalé sus cabellos


retomé
una mirada, le llamé en sutil voz,


que
parecía un susurro, que apenas era escuchada


le
dije que no quería verlos con ellos


con
esos hombres que lo explotaban


que
no quisiera que las drogas le aniquilaran


que
no quisiera ver que su vida frágil, que es lo que era


en
una piltrafa, en un desastre se convirtiera.





Sentí
nuevamente su mirada que me escuchaba


pude
palpar que su atención me dedicaba


el
niño me daba toda su gracia


que
se sentía en su triste fragancia


ser
de la calle, ser de nunca nadie, eso se respiraba


pero
escuchaba, y se acurrucaba


tan
cerca de mí, que su corazón expresaba


toda
la necesidad, toda el hambre que guardaba


y
necesité verlo feliz, como debería el mundo verlo


y
entonces comprendí que allí estaba yo para hacerlo.











Vamos
a mi casa, vamos a mi techo


que
te lo ofrezco con gran aprecio.


Le
pregunté su nombre y sin dar un solo paso


me
dijo que se llamaba Pedro, que del apellido no se acordaba


un
apellido que no necesitaba


pues
se había quedado en el ocaso.





Sus
pequeñas piernas temblaban a la invitación


ya
que nunca había tenido semejante ocasión


se
detuvo fuertemente y no quiso conmigo andar


ya
que temeroso estaba, un temor que había aprendido


en
la calle, que desde siempre fue su nido.





Anda,
vamos, adelante, que quiero chalar contigo


acompáñame
en la vida, confía que soy un caballero


deja
que te enseñe la vida para que la vivas con esmero


presiento
que habrá un mañana donde escuche tus sonrisas


donde
pueda orgulloso, verte crecer deprisa.











Vamos,
me dijo el niño, quiero seguir tu sendero


quiero
confiar en alguien, quiero escuchar un consejo


una
persona maravillosa que me diga “te quiero”.


caminemos
a tu casa, llévame a soñar contigo


que
deseo vivir en tu vida como abrigo.








Y
fue así como nos unimos, como llegó a mi vida


el
niño que ya sentía, que quería como a un hijo mío.


Todas
las madrugadas despertaba atormentado de pesadillas


y
apenas amanecía me decía que se iba


le
tuve mucha paciencia, le brinde todo en consuelo


le
otorgué un amor infinito, le di la ilusión, el anhelo.








Pasaron
algunos años, y ya la calle no le llamaba


era
todo lo contrario, sentía que le asustaba


miraba
el barrio donde vivió, y una pena no ocultaba


porque
miraba a otros niños, cuyos destinos presagiaba.








Crecía
presuroso aquel niño


se
volvía día a día un joven muy hermoso


el
ángel de mi vida, y yo estaba muy
orgulloso


caminaba
por la vida, con las metas que se aprenden


en
el colegio bendito, en un hogar bien decente.


Aprendió
que en esta vida, el amor es lo que cuenta


y
el amor le invitó a sentirme, como a un padre amoroso.








Pasó
inevitable el tiempo, sin detenerse un instante


y
quien una vez fue un niño, subía al lecho del saber


en
ese momento se acordó de su vida de antes


y
surcó el ambiente una mirada tierna


dirigida
a mi persona, y le temblaron sus piernas


como
en aquella ocasión


como
en aquella tragedia


y
un vuelco entero, sintió en su corazón.








No
pudo dar ya un solo paso


quería
y yo lo sabía, darme un fuerte abrazo


cuando
quiso regresarse, una voz dijo su nombre


que
desde ahora tendría un gran renombre


pues
la toga y el birrete le completaban la escena


de
una vida que crecía, como una vez creció su pena.








Es
mi hijo me dije un día


es
mi sueño dorado


es
la máxima ilusión


de
tener a alguien amado


porque
no me parecía


que
la calle fuera su guía.








Ya
las canas cubren mi sentido


y
lo que en la vida he aprendido


es
darle la mano a un niño


sobre
todo si es un niño de la calle


sobre
todo si es un niño que sufre y llora


porque
a la vida él implora


que
una mano cariñosa


le
brinde una nueva vida


le
proteja y le cobije, le haga sentirse libre


le
haga sentir que la vida, es muy maravillosa.










[b]Ya estoy
viejo, ya estoy cansado
[/b]




ya
mis pasos no dirigen mi cuerpo hacia ningún lado


estoy
colmado de enfermedades, mis piernas no tienen fuerzas


ya
mi vida me atormenta


ya
mi vida me tortura y me agobia


y
junto a mí está quien fue un niño de la
calle


llevando
mi cuerpo en una silla de ruedas


y
se que será ese niño, a quien siempre llamé hijo


quien
me vigile en las eternas penumbras


me
de un beso en mi frente,

y me deposite en mi tumba.



LICENCIADO ADELIS BECERRIT DÍAZ
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